El hecho y su mecanismo
El 28 de febrero de 2026, el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán provocó el cierre del 20% del comercio mundial de GNL, con el 98% del tráfico de internet iraní interrumpido. Este evento expuso la fragilidad estructural del sistema energético mundial, donde el 20% del petróleo y el 20% del gas natural licuado transitan a través del Estrecho de Ormuz. El ataque estadounidense golpeó directamente la capacidad de almacenamiento iraní, con Kuwait comenzando a cerrar pozos debido a la falta de espacio de almacenamiento.
«Los precios del petróleo podrían dispararse hasta los 150 dólares por barril en dos o tres semanas si el Estrecho de Ormuz permanece cerrado a los petroleros», declaró Saad al-Kaabi, Ministro de Energía de Kuwait.
El cierre del canal desencadenó un efecto dominó: el precio del Brent subió a 90 dólares/barril, con el WTI a 84 dólares, mientras que el gas europeo registró un aumento del 50% en una semana. Estos datos, recopilados por Bloomberg e ICE, muestran cómo un único punto crítico puede desestabilizar mercados enteros.
Ingeniería del nodo
El Estrecho de Ormuz, con 39 kilómetros de ancho, es el cuello de botella para el 20% del petróleo global. Su cierre golpeó directamente las refinerías asiáticas, que dependen en un 60% del crudo de Oriente Medio. La capacidad de almacenamiento iraní, estimada en 150 millones de barriles, se redujo a un 40% debido a los daños en las infraestructuras de distribución.
«También hemos atacado el equivalente al ‘Space Command’ de Irán, lo que degrada su capacidad para amenazar a los estadounidenses», declaró el Almirante Brad Cooper, Comandante Central de EE.UU.
Este golpe limitó la capacidad de respuesta iraní, pero no resolvió el problema estructural: el 70% de los buques petroleros que transitan por el canal no tienen alternativas inmediatas, y las rutas alternativas añadirían 10-15 días de navegación.
La capacidad de desviar el sistema energético global es limitada. El 90% de las refinerías asiáticas no tienen acceso a fuentes alternativas de crudo, y los costes de transporte aumentarían entre un 30% y un 50%. Este escenario pone en riesgo la capacidad de producción de países como China, que importa el 70% de su crudo.
¿Quién paga y quién gana?
Las compañías petroleras estadounidenses están aumentando sus ingresos, con ExxonMobil registrando un aumento del 25% en los precios de venta. Los países productores no pertenecientes a la OPEP+, como Rusia, se están beneficiando del aumento de los precios, con un aumento del 15% en los ingresos.
«Moscú está proporcionando a Irán las ubicaciones de las fuerzas estadounidenses, incluidos buques de guerra y aviones», informó el Washington Post, citando fuentes anónimas.
Este apoyo logístico fortalece la posición de Moscú en el mercado global.
Los costes son asumidos por consumidores e industrias. En Europa, el precio del gas ha superado los 40 dólares/MWh, con un aumento del 40% en los costes energéticos para las empresas. China, que importa el 70% de su crudo, verá un aumento de los costes de producción que podría reducir la competitividad de sus exportaciones.
Conclusión
El verdadero coste de esta crisis no será solo económico, sino político. Los gobiernos deberán decidir si invertir en infraestructuras alternativas, con costes estimados en 500 mil millones de dólares para nuevas rutas y terminales. Dos indicadores a monitorizar: el tráfico en el puerto de Jebel Ali (Emiratos Árabes Unidos) y el precio del gas en China.
«Cerrar el Estrecho de Ormuz es una pesadilla para los mercados energéticos globales», declararon Cameron Abadi y Adam Tooze en Foreign Policy.
La resiliencia del sistema dependerá de la capacidad de diversificar, no solo de defender.
Foto de Sergey Sukhov en Unsplash
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